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Me peleé con Santa

SANTA

Recuerdo hace algunos años la emoción que me provocaban estas fechas. Desde que yo tengo uso de razón, y quizás hasta por ahí por los 10  u 11 años, yo era de esas de cartita al niño Dios y todo (nunca a Santa), me sentaba a armar mi lista de regalos que deseaba recibir en Navidad, que siempre incluía zapatos de tacón de princesa, algo de maquillaje, uñas postizas y unos ‘walkie talkie’. Una vez lista la cartita corría al buzón negro de la casa a dejarla, asegurándome que mi nombre y datos estuvieran correctos.

Luego iba y revisaba cada diez minutos a ver si Diosito ya se la había llevado, yo  me ponía un poco intensa en esos días (bueno, yo casi siempre soy intensa). Como sea, pasaban muchas horas hasta que la carta desaparecía y yo, literalmente saltaba de alegría… Una vez encontré mi cartita en la cartera de mi mamá.

Y adiós a las cartitas!!!

Durante esos mismos años, mi mamá acostumbraba a armar un nacimiento abajo del árbol de Navidad. Un pesebre completo, con vaquitas, ovejas, caballitos, José, María, los Reyes Magos y el lugar reservado para poner al niño Dios. Yo todos los años acostumbraba poner una tacita con agua para los animalitos del nacimiento, por eso de que les podría dar sed. Lo que me parecía realmente mágico era que a la mañana siguiente el agua estaba un poco abajo, lo que me confirmaba que los animalitos se tomaban el agua que yo les colocaba. Y otra vez, saltaba de alegría y corría contarle a mi mamá el suceso. Un día en el colegio aprendí sobre el proceso de evaporación de los líquidos.

Y adiós a las tacitas con agua!!!

Tuve la bendición de crecer en El Salvador, donde cada Navidad y cada Año Nuevo se acostumbra a celebrar con ´cuetes´ o pólvora y para eso también era un poco intensa. Desde muy temprano empezaba a preguntar a mi mamá, a mi padrastro o a mi hermano, que a qué hora iríamos por los ´cuetes´, que iban a cerrar, que se iban a acabar, que a la fulanita ya se los habían ido a comprar, que yo los quería ya.

Una vez con la bolsa color café llena de pólvora en casa, la cosa no paraba ahí. Que a qué hora los íbamos a reventar, que ya eran las 5, que ya eran 5:30, que ya estaba oscuro para poner los volcancitos, que ya eran la 7 y que mi mamá decía que primero había que cenar… Cuando por fin llegaba el momento de reventar los ´cuetes´ y ver ese montón de lucecitas brillar… al fin se sentía como Navidad, mientras al fondo sonaba uno de esos ´cumbiones´ típicos que alegran la Noche Buena en El Salvador.

La Navidad en esos días solíamos celebrarla en El Congo (un lindo, acogedor y alegre pueblo de El Salvador) en la casa de la mamá de mi padrastro, ella tenía una tienda pequeña,  y tengo que ser sincera, creo que ese es lugar más alegre en el que he estado, toda la gente se conocía, se saludaba y para resumirlo en una sola palabra se celebraba en comunión.

Y recuerdo, que todos los clientes llegaban a la tiendita tan felices a comprar sus gaseosas, pan de sándwich, jugos o quizá solo a saludar a la niña Talita (así se llamaba la mamá de mi padrastro) con una luz y una alegría que creo que nunca he vuelto a ver. Todos bien arreglados con ropa nueva y un brillo en los ojos que parecía que reflejaba el resplandor de la Estrella de Belén.

No sé cuánto hace de eso, porque no me acuerdo cuando fue la última vez que celebramos allí un 24 de diciembre… Pero era realmente mágico y no, no era Disneyland.

Ahora estoy peleada con Santa Claus o es  más o menos la forma de explicar que las Navidades han cambiado un poco, ya no hay cartitas, ni tacitas con agua, tampoco ´cuetes´ con luces… Ya no veo aquellos ojos con brillo resplandeciente.

La vida es de etapas y ahora celebro la Navidad desde otra perspectiva, sigue siendo especial, porque es una fecha especial, sigo disfrutándola, porque siempre se disfruta cuando se está con la familia, pero esas Navidades de mi infancia no las cambiaría por nada.

Que tenga un linda Noche Buena!!!

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2 comentarios sobre “Me peleé con Santa

  1. Considero que son navidades inolvidables las de alla. Pues aca Es un dia normal de trabajo no existe ese ambiente pegajoso de la musica que ambienta Cada lugar al que uno visita en ese periodo. Los supermercados, el centro de la capital en fin cada rincon se disfruta el ambiente navideno. Ah como lo extrano.

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