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Mil 460 días después

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Un 6 de febrero de 2010 tomé mi maleta, mi pasaporte y un boleto de avión sin fecha de vuelta y me despedí de El Salvador. Hasta el momento, la decisión más difícil que me ha tocado tomar.

Nunca estuve tan asustada, tampoco estaba segura de lo que estaba haciendo. Estaba dejando atrás una vida, mi vida, la que había conocido por 20 años y de la estaba completamente enamorada.

Dejaba una carrera, o al menos eso pensaba, dejaba amistades de toda la vida, renunciaba a lo que dije que nunca iba a renunciar, a mi país, a lo que había dicho que nunca iba a hacer. Así que tomé mi maleta y caminé por esos pasillos fríos, muy típicos de un aeropuerto cuando uno no se quiere ir de donde se está yendo.

Tomar el avión fue difícil, pero llegar y adoptar una nueva cultura, un nuevo idioma, nuevas costumbres fue indescriptiblemente difícil. Lloré mucho, extrañe demasiado, me arrepentí 10 mil veces. Estaba enojada, no sabía con quién, pero lo estaba.

El primer año fue… lento, tan lento que podría relatar con detalles cada uno de sus días. Es decir, fue muy difícil, demasiado difícil, en aquellos días pensaba que era imposible vivir esa vida.

Pero, hoy  mil 460 días después, sí cuatro años pasaron ya, no tengo palabras para describir lo mucho que he cambiado, no sé si para bien o para mal, pero he cambiado y yo era alérgica al cambio. Me he equivocado y he aprendido de esas equivocaciones, yo que también era alérgica a las equivocaciones.

Me he caído muchas veces, miles, pero aprendí a levantarme.

Mil 460 días después he aprendido que nada es imposible, que es muy difícil, que duele, pero que no es imposible, que cuando 350 puertas se cierran, una se va abrir, tarde o temprano, pero se va a abrir.

Me enamoré, me enamoré de este país, eso no significa que me olvidé de El Salvador, porque tendría que darme Alzheimer para que eso suceda, pero entendí que ahora esta es mi vida, la que yo elegí, la que me ha dado mucho, muchísimo más de lo que quizás imaginé. Y la que he aprendido a disfrutar a admirar.

Qué si extraño? No hay un solo día que yo no extrañe mi Pulgarcito, su gente, sus calles, los amigos, esas tardes. Todos los días en algún momento de mi día me doy el tiempo para extrañar todo eso, porque es una forma de sentirlo cerca, de sentir que nunca me fui.

Y los amigos?  Ellos siempre están cerca, los llevo grabados a cada uno en mi corazón y cuando hablo con ellos es como que si el tiempo no hubiera pasado, ellos, los amigos, los de verdad, esos están siempre ahí, sin importar ni el tiempo ni la distancia.

Todavía tengo miedo, mucho miedo, porque no sé qué me puede traer la vida mañana, pero haberme mudado a Los Ángeles, me hizo realizar que yo puedo enfrentar lo que venga, que todos podemos, solo necesitamos querer hacerlo. Las cosas no llegan cuando uno quiere, sino cuando uno más las necesita.

Los Ángeles me ha regalado muchas bendiciones, y el día que me toque dejar a esta ciudad me voy a ir con una sonrisa, agradeciéndole lo mucho que me hizo crecer y la forma en que cambió mi forma de ver las cosas.

Mientras tanto yo, yo sigo en aprendizaje constante.

Gracias a Dios por mi familia y por caminar cada día a mi lado.

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5 comentarios sobre “Mil 460 días después

  1. Asi mismo me senti yo cuando deje El Salvador por primera vez y ha pasado tanto tiempo. Lo extraño pero no como antes, me he adaptado a donde estoy y realmente tengo una vida aquí. Me gusta donde vivo y me siento parte de este lugar. Pero lo que si extraño es el calor de la gente. Aquí en Europa todo es frío y sin alegría. Por muy bonitas que veas las fotos en instagram de como es Europa siempre falta algo y es el calor y la alegría. Aquí todo es rutina, alla todo es vivir cada dia.

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  2. Te entiendo completamente, Yo soy Argentina y hace 10 años que vivo en España, aunque preferiría estar en Los Angeles, la verdad, jajaja!!
    Pero lo importante es disfrutar de lo que vivimos en el momento!
    Besos!

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  3. Excelentes palabras. Sos una de las pruebas que todo lo que queremos esta fuera de nuestra zona de confort. Te atreviste a salir de tu burbuja y la vida te ha recompensado.

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