Extra

Cafeína en exceso

Mundos ajenos y enfrascados en vidas paralelas. Sonrisas tristes frente a un aparato, ojos ansiosos. Cafeína en exceso. Carcajadas enfrascadas, lágrimas dibujadas de bromas.

La soledad se ha disfrazado de soberbia. La felicidad se ha ahogado en esa cafeína. Los amigos se han quedado perdidos en un embriagante mundo virtual.

Gafas oscuras que piden a gritos disimular la tristeza que paulatinamente está matando a ese corazón. Audífonos salvavidas que pretenden curar el dolor y la incomprensión.

Bolsos y zapatos de diseñador. Patinetas con precios que podrían alimentar a familias enteras. Aparatos con manzanas por doquier. Vasos inmensos de café. Miradas vacías y pérdidas en un infinito horizonte.

Libros y revistas que tienen como fin ignorar la silla vacía de al lado. Nadie sonríe. Nadie habla. Nadie reacciona ante el sonido. Se miran los unos a los otros como extraterrestres y vuelven a refundirse en ese mundo virtual, que poco a poco está acabando con ellos, con nosotros.

Frente a mí una chica de no más de 23 años conversa con alguien a través de Iphone, mientras observa ´concentrada´ su computadora portátil de la misma marca, al lado, un bolso de fina y popular marca. Parece tenerlo todo, parece.

Un poco más cerca de mí, a la derecha está un señor asiático de edad avanzada, con lo que parece ser un periódico, que ha puesto sobre la mesa al lado de su taza de café. Bajo el rotativo ha colocado su tableta. No ha tocado ninguna de las dos cosas para matar su soledad. Se ha quedado sentado mirando hacia al frente, como asustado, como triste.

Atrás de él dos chicos, que supongo son amigos, están vestidos todos de negro con un suéter que cubre hasta su cabeza… con sus patinetas en los pies. Ambos están con la cabeza sobre la mesa, dormidos. La música de fondo no ha logrado interrumpir su sueño.

A mi izquierda hay una niña, que seguro ronda los 17 años, tiene su mochila de estudiante color rosa al lado y se dedica a escribir letras de colores sobre una página. Sola, sosteniendo su cabeza, como cuando una persona tiene un difícil problema que no sabe cómo resolver.

Al fondo, está una pareja, él inmerso en su laptop con la quijada sobre la mano, Ella revisa su teléfono con unos audífonos en las orejas. Él está sentado frente a ella, mientras ella está sentada de lado, mirando hacia un lado completamente opuesto.

Todos, se ven desesperados, solos, angustiados. A todos les he sonreído más de una vez, ni uno ha devuelto la sonrisa.

El ambiente tenue de la cafetería combina con la tristeza de estas almas, con la soledad de estos cuerpos, la música animada y popular que suena de fondo no logra animar a estos corazones.

Mientras la gente entra y sale por su respectiva dosis de cafeína.

Yo para ellos, debo ser uno de ellos…

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