#MiDiario·50 mil cosas

La mujer de la eterna sonrisa

La última vez que conviví con ella -hace ya más de tres años- me enseñó todas sus fotos. Las de sus hijos, de sus nietos, de su nieta y de sus hermanos. Los nombró a todos, a pesar de que los años ya pasaban factura por su memoria.

Por las noches, cuando no podíamos dormir se ponía a contarme de sus andanzas por la vida hasta llevarme a las carcajadas.

Por la mañana, cuando aún todos dormían, ella barría la calle y preparaba el desayuno.

A la una en punto de tarde, un joven sin casa ni comida iba hasta su puerta con un plato y un vaso vacío.

Ella sonriendo, llenaba de agua y comida los recipientes y antes de que se marchara le pedía que se cuidara y regresara al día siguiente.

Por las tardes salía al andén de la casa, se sentaba y saludaba a quien pasaba por la transitada calle de aquel pueblo siempre colorido y ruidoso. “Adiós hermana Vilma”, gritaban con frecuencia.

Y de vez en cuando alguien se paraba en la reja a contarle sus problemas. Ella siempre escuchaba y aconsejaba hasta donde le era posible.

No faltaba quien le contara de algún mal que le aquejaba y ella recomendaba tés y remedios.

Le encantaba cuidar sus plantas y recordar lo que su mamá le había enseñado. También le encantaba visitar el mar y Termos del Río.

Amaba a sus hijos y sobre a todo, a sus nietos. Con frecuencia decía que eran “la corona de la vida”.

Nunca se enojaba. Siempre tenía una sonrisa para dar.

Hoy llegó la noticia de su partida e inmediatamente recordé todo lo anterior. Experimenté un sentimiento ajeno a mí, el dolor de perder a un ser querido.

Y el no haber estado ahí acrecienta el sentimiento.

A veces creemos que la distancia nos quita el privilegio de llorar, pero no, al contrario, nos da más razones para hacerlo.

En mi corazón se quedan sus bromas, sus consejos y sus atenciones.

Su sonrisa interminable. Sus comentarios sinceros. Su sazón en la cocina. Y esos abrazos apachurradores.

Nunca dudó en abrirnos las puertas de su hogar y compartir su espacio con nosotros cuando lo necesitamos. Siempre estaba dispuesta a que cuando uno llegaba a su casa se fuera contento y bien comido.

Tía Vilma, volver a El Salvador ya no va a tener el mismo significado desde hoy. Su ausencia va a doler siempre. Su recuerdo nos acompañará en cada rincón de esa casa, de esa esquina y de ese pueblo.

Cada Navidad, cada Año Nuevo, cada cumpleaños, cada reunión familiar y cada momento importante de nuestras vidas, su sonrisa y su eterno cariño estará con nosotros.

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Un comentario sobre “La mujer de la eterna sonrisa

  1. Que bonito te expresas dé ella sé entiende que la quisistes mucho lamentablemente la vida la tenemos prestada sí sé sufre mucho me imagino que dios en gloria la tenga y tú adelante los que nos quedamos tenemos la vida sigue aunque con dolor por perder a nuestros seres queridos bendiciónes

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