My Wedding

La primera vez que me convertí en “Bridezilla”

Todo el mundo -bueno, mi mundo-  está esperando por el día en que me gane el estrés, la ansiedad y los nervios y me convierta en un verdadero monstruo o como se conoce por este lado del mundo en una “Bridezilla”.

Pero la verdad es que me estoy tomando con mucha calma la organizar mi boda (porque cuando planee mis 15 años fui un verdadero dolor de cabeza, hay 14 mujeres que pueden confirmarlo).

Mi novio y algunas de mis “bridemaids” están esperando atentos a que me convierta en la típica novia insoportable que todos quieren ahorcar, pero yo soy toda paz (que nadie se atreva a decir lo contrario).

En este post les vengo a contar la primera vez –y de momento la única- que perdí la paciencia y mi monstruo interior casi se convierte en protagonista.

Era un lindo día de febrero, Carlos y yo –como toda pareja que se va a casar- llegamos ilusionados a la iglesia para tener la primera conversación con el sacerdote que nos va a casar, la cual transcurrió con toda normalidad. Él fue sumamente amable y nos explicó la importancia de la decisión que estábamos tomando.

Hasta ahí todo bien.

Al final, el padre nos pidió que habláramos con la secretaria para todo el papeleo de la reservación de la iglesia.

Ahí empezó la pesadilla.

-¿“Ustedes son la parejita que se va a casar?”, preguntó la mujer detrás del escritorio.

Mi mente no pudo evitarlo y desde el instante que usó la palabra “parejita” supe que algo iba a salir mal.

-“Sí”, respondimos mi novio y yo al mismo tiempo.

Nos preguntó cómo nos llamábamos y la fecha de la boda, respondimos ambas cosas.

-“El padre les autorizó esa fecha”, preguntó.

-“Sí”, conteste.

-“Permítanme un segundo, voy a confirmar con el padre”.

Volvió un minuto después y siguió con su interrogatorio.

-“¿A qué hora va a ser la misa?

-“A las 11 de la mañana”, respondimos

-“¿El padre les autorizó esa hora_”, insistió.

Traté de disimular la molestia y le dije “sí, el padre lo autorizó”.

-“Permítanme un segundo, voy a confirmar con el padre”.

En ese momento mi paciencia estaba al punto de alcanzar su límite y mi cara ya no podía disimular mí incomodidad y Carlos me miraba con ojos de susto. Regresó de hablar con el padre y siguió con su cuestionario.

-“¿Van a dar algún deposito hoy?”

-“Si, vamos a dar un deposito”, dijo Carlos.

Justo en ese momento el padre salió de su oficina y se despidió.

Ella nos explicó el total de la ceremonia y mi novio y yo la interrumpimos, porque el padre nos había dado otro presupuesto.

– “El padre les dijo eso”, pregunto en referencia al precio que nos había dado el sacerdote

– “Sí!”, le dije un poco molesta.

– “Voy a dejar eso pendiente, porque a las parejitas que no están registradas en la iglesia les cobramos diferente”.

– “Sí, pero el padre nos dijo ese precio”, insistimos con Carlos.

– “Si, pero el padre no sabe de esas cosas”, comentó.

Sí, leyeron bien, yo no podía creer lo que esa mujer acababa de decir. Dejé pasar eso y ella prosiguió a explicarnos los detalles sobre la ceremonia.

-“La encargada de guiar a las parejitas que se van a casar es otra muchacha, pero ella no está hoy, así que yo les voy a explicar”.

Yo lo único que podía pensar era por qué habíamos elegido ese día para ir.

-“Para la ceremonia van a necesitar dos padrinos de velación, que tienen que estar casados por la iglesia”.

-“Ellos son diferentes a la dama de honor y el ´best man´, ¿verdad?”, pregunté amablemente.

-“No, son esos mismos”, dijo ella.

-“Pero el padre me acaba de decir que no es necesario que la ‘maid of honor’ y el ‘best man’ estén casados, me dijo que pueden ser solteros”, dije ya muy molesta.

-“No, los padrinos de velación tienen que estar casados por la iglesia”, insistió.

-“Entonces, no son los mismos, una cosa son los padrinos de velación y otra el cortejo”, afirmé.

-“Si, son lo mismo”.

Me reí de frustración.

-“Pero el padre me dijo todo lo contrario de lo que usted me está diciendo”.

-“El padre no sabe de eso”.

-“Perdón, me está diciendo que usted sabe más que el padre que me va a casar”, dije con un gesto de ironía.

No lo podía creer. Estaba sin palabras, estaba roja del enojo.

-“No, lo que quiero decir es que él tiene muchas cosas en la cabeza”, matizó.

-“Señorita, como me dijo que se llama la señora que se encarga de las parejas que se van a casar y cuando está ella”, le pregunté mientras recogía mis cosas.

-“No, pero si yo la puedo atender y explicarle las cosas”.

-“Si, pero yo prefiero que sea la otra señora, la que sí sabe”, le dije.

-“No, déjeme terminar de explicarle”

Por pura educación me quede a escucharla mientras me explicaba el resto de cosas.

Ya cuando había terminado me dijo: “tiene alguna duda”.

-“Muchas, le dije, pero prefiero que me las responda la otra persona”.

Cuando ya nos íbamos le pregunte: “disculpe, cuál es su nombre”.

“Maribel”, contestó.

“Gracias”, le dije.

Cuando salimos, Carlos me dice: “Para qué le preguntaste su nombre”.

Porque la próxima que tengamos que venir llamamos primero y preguntamos quien está atendiendo para evitar hablar con ella.

No se pueden imaginar lo molesta que estaba, había salido de ese lugar enojada y sobre todo frustrada, porque la mujer no había podido explicarme qué eran los padrinos de velación. Quizás ella estaba haciendo su trabajo, pero me hubiera gustado que estuviera un poco más informada y sobre todo que mostrara un poco más de respeto al criterio del padre. Fue horrible.

Les juro que ha sido la única vez, desde que estoy organizando mi boda, que he tenido ganas de gritarle a alguien, afortunadamente Carlos estaba ahí para mediar la situación y evitar que perdiera la paciencia.

Por cierto, en otro post les contaré qué son los padrinos de velación y otros detalles que pueden ayudarles para organizar su boda o ayudar alguna amiga o familiar.

No olviden comentar y compartir.

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