La vida después de mi ‘dream job’

Aún puedo sentir mi corazón acelerado, a punto de reventar, mis manos frías y una sensación en el estómago que no puedo describir. Había esperado por este día toda mi vida, había soñado con este momento desde que tenía unos 5 años.


La espera había terminado, en punto de las 2 de la tarde el 18 de marzo del 2013 estaba viviendo mi sueño, era una realidad. Lo había logrado, estaba ejerciendo periodismo. Sólo Dios, mi mamá, mis hermanos y mis amigas de Universidad (las JEKIS) comprendían que ése, sin duda era el día más feliz de mi vida. Lo fue

De hecho, los más de cinco años que trabajé en La Opinión en la sección de Deportes han sido lo más felices de mi vida. No me importaba trabajar los fines de semana, Navidad, Año Nuevo. Mientras todo el mundo disfrutaba de la familia en los días festivos, yo estaba en mi cubículo digitando a mil por hora, eligiendo la foto perfecta, pensando en el mejor titular, viviendo mi sueño, haciéndolo realidad.

Las casi 10 horas de trabajo en la redacción se me pasaban en un suspiro, el estrés muchas veces llegaba a ser agobiante, las jornadas eran pesadas, pero después de un par de días de descanso todo valía la pena, era el trabajo de mis sueños, el que había querido siempre, el que me costó muchos desvelos, muchos ‘no’, muchas lágrimas.

Ese mismo que en ese momento me llenaba de satisfacciones.

Cada entrevista, ese cosquillo en el cuerpo al momento de hacer una pregunta, de tomar una fotografía. Esa maravillosa inspiración al convertir palabras en historias, emociones en sensaciones.

La magia del periodismo es que las emociones se transmiten y se vuelvan un sentimiento en masa.

Esa alegría de ver una nota publicada, una página editada, una historia contada para la posteridad. Eso que hace a esa profesión tan maravillosa. Todo eso compensaba el cansancio, el llegar tarde a casa, perderse cumpleaños, reuniones con amigos y más.

Aún puedo sentir mi corazón acelerado, a punto de reventar, mis manos frías y una sensación en el estómago que no puedo describir, me faltaba el aire y estaba conteniendo las lágrimas, mientras mi jefe me explicaba que mi plaza en el periódico se había cerrado.

Ha pasado un mes y medio y todavía no sé bien cómo explicarlo.

La vida después del trabajo de mis sueños ha sido impredecible. No tengo a dónde ir todos los días y mis fines de semanas son míos… Solo míos.

El tiempo hasta cierto punto se ha vuelto lento. El deporte ahora sólo es diversión para mí y hacía años que no lo percibía de esa manera.

La vida después del trabajo de mis sueños es aterradora algunos días, otros es más llevadera.

La vida después del trabajo de mis sueños se ha convertido en la búsqueda de un nuevo nido, de un nuevo cubículo donde puede volver a vivir esa adrenalina que solo un “deadline” puede provocar.

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2 comentarios en “La vida después de mi ‘dream job’

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